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La Cultura de la Cooperación en la I+D+I

Jesús Sebastián*

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Artículo en prensa en la revista Espacios. Fundación Polar. Venezuela.

*Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC).
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). España.

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El objetivo de este artículo es reivindicar el carácter multifacial de la cooperación, entendida como una cultura, que está presente y afecta al ámbito de las estrategias y políticas científicas y tecnológicas, a los modelos de organización de la ciencia y la tecnología y a los modos y procedimientos implicados en la investigación científica, el desarrollo tecnológico y los procesos de innovación (I+D+I). Este planteamiento supera el concepto tradicional de la cooperación, aplicado fundamentalmente en su carácter instrumental, como facilitadora de la consecución de objetivos a través del esfuerzo conjunto.

La extensión de la cultura de la cooperación en la I+D+I requiere de estrategias explícitas, expresadas a través de objetivos e instrumentos específicos en las políticas científicas, tecnológicas y de fomento de la innovación. La cultura de la cooperación se expresa en los modelos organizativos a través de la articulación y coordinación de los sistemas nacionales de innovación y en los modos de obtención del conocimiento y las tecnologías, la cultura de la cooperación se expresa a través de las formas colaborativas y asociativas de los proyectos y de las redes de investigación.

La cultura de la cooperación tiene, a su vez, dos dimensiones, la nacional y la internacional.

Las múltiples caras de la cooperación no se perciben actualmente con la misma intensidad. Probablemente, la cooperación en los procesos de la investigación y la innovación se reconocen más universalmente.

La cultura de la cooperación en los procesos de investigación e innovación.

Una de las características que define la evolución en los modos de producción del conocimiento en los últimos cincuenta años es la transición desde las investigaciones basadas en la individualidad de los científicos, a las basadas en los grupos de investigación, en la colaboración entre grupos de diferentes instituciones y países y, actualmente, a las basadas en la constitución de redes de investigación, heterogéneas en su composición y transitorias en el tiempo. Si bien estas formas de organización del desarrollo de la investigación han estado siempre presentes, numerosos indicadores testimonian esta transición y la tendencia creciente hacia formas organizativas más complejas, tanto en el ámbito de las ciencias experimentales y las ciencias sociales, como en el ámbito del desarrollo tecnológico y de la innovación. (Regalado, A., 1995; Geoghiou, L., 1998; Gómez I. et al., 1999; Gerybadze, A. and Reger, G., 1999; Bordons, M. and Gómez, I., 2000).

Dos de los indicadores que evidencian más claramente la tendencia al predominio de formas organizativas basadas en la cooperación son, por una parte, los relacionados con la composición de los proyectos y redes, y por otra, los indicadores bibliométricos. En el primer caso se observa una tendencia creciente al incremento del número de investigadores y de instituciones en la composición de los proyectos, hasta llegar a conformarse equipos muy numerosos, a través de las redes de investigación (Sebastián, J. et al, 1998; Sebastián, J., 1999a).

Los indicadores bibliométricos muestran la preponderancia de los artículos científicos multiautor, multiinstitucionales y multilaterales (Subramanyam, K., 1983; Vinkler, P., 1993; Leclerc, M. and Gagne, J., 1994; Fernández, M.T. et al., 1998; Bordons, M. and Gómez, I., 2000). En las revistas científicas recogidas en el Science Citation Index se observa que mientras a mediados de los años 50 el número medio de autores por artículo era de 1,83, en los años 90 era de 3,89. En el caso de España en el período 1990 a 1993 el número medio de autores en los artículos científicos oscila entre 2, en el caso de las ciencias sociales y las matemáticas, a 9 en la física (Gómez et al., 1995).

El porcentaje de artículos firmados por científicos de dos o más países se ha duplicado en diez años, pasando de ser el 11% en 1980 al 20% en 1990 (Leclerc, M. and Gagne, J., 1994). El incremento reciente de las copublicaciones internacionales en la producción científica española está bien caracterizado, pasando del 13,5% en 1985 al 23,5% en 1990, alcanzando el 29% en 1995. La media de las copublicaciones internacionales en el conjunto de los países de la Unión Europea era en 1995 del 25,7%.

En la mayoría de los países de América Latina se observan también incrementos muy significativos en el porcentaje de copublicaciones internacionales con respecto a la producción científica de cada uno de los países. Entre 1991 y 1995 existe un aumento del 66% en las copublicaciones internacionales respecto al total de la producción científica de América Latina (Fernández, M.T. et al., 1998). Es interesante señalar que el análisis de las copublicaciones en las que participan investigadores de tres o más países evidencia el incremento de las redes internacionales de investigación, así como de su productividad (Gómez I. et al., 1999).

Existen múltiples condiciones y motivaciones que explican el progresivo impacto de la cooperación y los cambios en las modalidades, incluso en las percepciones sobre la misma en los diferentes actores implicados en los procesos de I+D+I. Quizá la mejor manera de ilustrar esta evolución es señalar el paso que se ha dado desde considerar la cooperación como un instrumento en el proceso de la I+D+I, a considerarla como una cultura en la comunidad científica y tecnológica. Este paso, que supone recorrer una larga distancia conceptual y operativa, no deja de estar sembrado de contradicciones, planteamientos y situaciones híbridas.

Inicialmente la cooperación, de acuerdo con la Real Academia Española, se define como la acción de cooperar y, ésta, como obrar juntamente con otros para un mismo fin. La cooperación científica y tecnológica engloba un conjunto de actividades que a cualquier nivel, individual, institucional o nacional, y a través de múltiples modalidades, implican una asociación y colaboración para la consecución de objetivos comunes y un beneficio mutuo en el ámbito de la investigación científica y tecnológica. Esta conceptualización de la cooperación enfatiza su carácter instrumental en la medida que permite sumar esfuerzos, capacidades y financiación para poder conseguir objetivos y resultados que no serían posibles o lo serían en un mayor espacio de tiempo individualmente por los investigadores, grupos de investigación, instituciones o empresas participantes en una actividad conjunta.

Si bien la cooperación científica y la tecnológica comparten su definición, tienen diferencias significativas en sus planteamientos y en su ejecución. Por una parte, la cooperación científica está desde hace mucho tiempo incorporada en los hábitos de trabajo de los científicos, tiene mayor flexibilidad y fluidez y se basa en la autonomía de los actores y en la libre difusión de los resultados. Por otra parte, la cooperación tecnológica se enmarca generalmente en el ámbito de las estrategias empresariales y, en consecuencia, es más restringida y objeto de una negociación más estricta entre los actores, que a su vez tienen valores diferentes a los imperantes en la comunidad científica.

Las actuales fronteras difusas entre la ciencia y la tecnología en numerosos ámbitos difuminan también las diferencias entre estos tipos de cooperaciones. Uno de los ejemplos paradigmáticos que ilustra actualmente esta situación es el concerniente al proyecto del genoma humano. El desciframiento del genoma humano, desde su vertiente de avance del conocimiento científico, se consideró que solamente era posible a través de la cooperación abierta de numerosos grupos de investigación y de instituciones. Sin embargo, desde la vertiente de avance tecnológico, en la medida que abre numerosas puertas a las aplicaciones y a la rentabilidad económica, se plantea como un objetivo de la empresa privada, sin un componente explícito de cooperación, aunque beneficiándose de numerosas aportaciones al acervo del conocimiento del conjunto de la comunidad científica. En otros numerosos ejemplos, la cooperación a través de redes y consorcios de actores heterogéneos, públicos y privados, ha puesto de manifiesto la viabilidad y rentabilidad de estas asociaciones (Callon, M. et al., 1992; Child, J. and Falkner, D., 1998; Zander, I., 1999)

La cultura de la cooperación en la I+D+I se fundamenta en la necesidad de la complementación de las capacidades. Esta necesidad, que podía ser anecdótica hace unos años, se convierte en la actualidad en una necesidad imperiosa. La creciente especialización de los grupos de investigación junto al carácter multidisciplinar de los abordajes experimentales, la progresiva fusión de campos científicos en nuevas tecnologías y la heterogeneidad de los procesos de innovación exigen la complementariedad y la cooperación. Un caso especial lo constituye el ámbito de la "megaciencia", en el que la naturaleza de las infraestructuras y los costes de la experimentación hacen de la cooperación el único medio viable para su desarrollo. Junto a esta fundamentación, que se refiere a aspectos intrínsecos de los procesos de obtención del conocimiento y de las tecnologías, sistematizados por Gibbons y colaboradores (1994), existen otros aspectos extrínsecos que inciden en las condiciones de contexto para facilitar la cooperación, como son los procesos de apertura, tanto políticos como sociales y culturales, y la generalización y abaratamiento de las comunicaciones virtuales y reales.

Manzini Eda Bot Bot Bot Manzini Eda Eda Manzini Bot Manzini Eda Eda Manzini La extensión de la cooperación se explica también por los beneficios que reporta a los participantes. El reconocimiento de las sinergias que ofrecen las interacciones y la complementariedad, la valoración del incremento de la eficacia de los procesos de investigación, traducida en una mayor productividad, visibilidad y mejora de la calidad del proceso mismo y de los resultados obtenidos, las mejoras en las capacidades competitivas de las instituciones y empresas y los impactos sobre el grado de internacionalización, son algunos de los beneficios que pueden señalarse (Sebastián, J., 1996). Sin embargo, la cooperación, como proceso interactivo y social, no deja de plantear dilemas y dificultades que surgen por conflictos derivados de los propios intereses de los participantes, de la complejidad de las interacciones personales e institucionales y de la necesidad de entender y asimilar diferencias culturales (Katz, J.S. and Martin, B.R., 1997).

El análisis de las modalidades de la cooperación científica y tecnológica muestra una tendencia hacia la diversificación y al aumento de la complejidad. Junto a las colaboraciones entre grupos de investigación a través de proyectos conjuntos en los que participan dos instituciones, se observa un incremento de las colaboraciones multipolares a través de redes, asociaciones y consorcios con compromisos variables de los participantes. Estos tipos de modalidades amplifican las interacciones y permiten aflorar nuevas oportunidades para la cooperación, además de contribuir a la extensión de la cultura de la cooperación entre la comunidad científica y las instituciones.

Manzini Manzini Manzini Manzini Bot Eda Bot Eda Eda Bot Eda Manzini Eda Bot Entre los diferentes impactos de las redes de investigación, cabe señalar los que afectan a los procesos de difusión del conocimiento. Frente a la tendencia en algunos ámbitos a la apropiación y privatización del conocimiento, las redes permiten una mayor socialización del mismo, a la vez que aceleran su producción. Este aspecto adquiere más importancia en la medida en que se consolide otra tendencia con relación a los mecanismos de acceso a la tecnología, los cuales no pasan tanto por los canales tradicionales de la compra y la transferencia, como por el codesarrollo, a través de proyectos conjuntos.

La cultura de la cooperación en los Sistemas Nacionales de Innovación.

La articulación de los sistemas nacionales de innovación figura entre las prioridades de las políticas científicas y tecnológicas, que progresivamente se van transformando en políticas para el fomento de la innovación. Actualmente se considera que los sistemas nacionales de innovación se construyen a partir de las interacciones y colaboraciones entre los actores heterogéneos que forman parte de estos sistemas. La cooperación constituye uno de los instrumentos fundamentales para garantizar su articulación y cohesión. La cuestión para el futuro está en transformar este carácter instrumental de la cooperación en una cultura que impregne al conjunto del sistema.

En el apartado anterior se han señalado los beneficios e impactos de la cultura de la cooperación en los procesos de generación de conocimientos y tecnologías, pudiendo también analizarse las oportunidades que ofrece esta cultura en el conjunto del sistema.

La cooperación permite el fortalecimiento de las capacidades nacionales para la I+D+I a través de su complementación, favoreciendo sinergias, superando problemas de insuficiente masa crítica, incentivando la movilidad, permitiendo el planteamiento de objetivos para la I+D más ambiciosos, produciendo economías de escala y generando una dinámica participativa y de pertenencia que crea un clima más favorable, tanto para acelerar los procesos de innovación, como para incrementar los sentimientos de autoestima y utilidad de la comunidad científica y de las instituciones de I+D.

Bot Manzini Eda Eda Bot Manzini Eda Eda Bot Bot Manzini Eda Manzini Manzini Un aspecto especialmente relevante, que constituye un objetivo generalizado, es el incremento de los niveles de coordinación al interior de los sistemas nacionales de innovación. En este sentido, se puede considerar a la cooperación como uno de los mejores instrumentos para mejorar la coordinación científica e interinstitucional. La cooperación ofrece la oportunidad de conseguir la coordinación, no por imperativos, sino sobre la base de objetivos específicos y compromisos asumidos con la expectativa de obtener un beneficio mutuo, generando asociaciones más estables y sostenibles. Las relaciones entre coordinación y cooperación en los sistemas nacionales de innovación deberán profundizarse en el futuro desde la perspectiva de generar instrumentos de fomento que potencien a ambas. Los programas integrados de I+D y las redes interinstitucionales pueden ser algunos de estos instrumentos.

La consideración de la cooperación como un elemento intrínseco de los sistemas nacionales de innovación, además de favorecer la eficacia y eficiencia de los mismos, contribuye a mejorar la imagen y la percepción social de la ciencia y la tecnología. La cooperación se percibe siempre de una manera positiva por parte de la sociedad y, en consecuencia, la asociación del esfuerzo científico con ella redundará en una mejora de su apreciación social.

Bot Eda Bot Eda Eda Manzini Eda Manzini Manzini Bot Manzini Eda Bot Manzini Los sistemas nacionales de innovación se caracterizan por ser sistemas abiertos, como corresponde a la consideración de los procesos de innovación como procesos sociales. El carácter abierto de estos sistemas le diferencia de otras conceptualizaciones, como la de los sistemas científico técnicos o de los sistemas ciencia-tecnología-industria. Sin embargo, hay una serie de elementos bien caracterizados que intervienen en los sistemas nacionales de innovación, como son los organismos responsables de las políticas y del fomento de la I+D+I, los organismos de I+D, las universidades, las empresas, los centros tecnológicos, una variedad de centros de interfase, gestión, difusión y apoyo a las actividades de investigación e innovación y algunas organizaciones no gubernamentales y entidades financieras. La cooperación entre cada una de ellos y entre ellos constituye la clave para la armonización y rentabilidad del sistema.

La cooperación entre los diferentes tipos de organizaciones tiene fundamentos y modalidades diferenciadas. La cooperación entre Universidades tiende a fortalecer sus capacidades y ofertas docentes, así como el desarrollo de la investigación científica y las actividades de extensión (Sebastián, J., 2000a). Sin embargo, la competencia entre ellas, especialmente de las más próximas entre sí, plantea algunos obstáculos para mejorar las sinergias locales. En numerosas ocasiones se produce una mejor cooperación entre las universidades en la dimensión internacional que en la nacional. En este sentido, existe todavía la necesidad de interiorizar más profundamente en las universidades una cultura de la cooperación que permita, a través de la complementación de sus capacidades, cumplir mejor su misión de servicio a la sociedad.

Manzini Manzini Manzini Eda Bot Manzini Bot Manzini Eda Eda Bot Eda Eda Bot La cooperación entre las empresas en el ámbito del desarrollo tecnológico y la innovación está guiada por unas estrategias que tienen como objetivo la mejora de la productividad, de su posición en el mercado y de sus beneficios. Esta cooperación está condicionada por los límites de estas estrategias en términos de confidencialidad y de valoración de riesgos, así como de algunos aspectos socioculturales, entre los que la confianza juega un papel fundamental. El binomio confianza/desconfianza ha sido señalado como un factor crítico en el futuro desarrollo empresarial, superando incluso en importancia al factor del conocimiento (Binfield, R. and Beg, H., 1997). Asimismo, entre los factores externos que impulsan la innovación, los empresarios españoles señalan en una reciente encuesta los siguientes: cooperación con proveedores, cooperación con clientes, cooperación con otras empresas, cooperación con centros de investigación y cooperación con universidades (Fundación Cotec, 1999). De acuerdo con esta encuesta, la cooperación figura como una cultura explícita entre las empresas innovadoras.

El análisis de las relaciones entre empresas y universidades y centros de I+D ha sido ampliamente tratado y debatido. La madurez de estas relaciones es uno de los criterios para evaluar la articulación de los sistemas nacionales de innovación, en la medida en que son los principales actores en la ejecución de la I+D en la que puedan fundamentarse innovaciones de base tecnológica.

Las tendencias en la colaboración entre universidades y empresas muestran la existencia de una evolución en los planteamientos. Una primera etapa está marcada por la mera oferta de servicios por parte de las universidades. Esta etapa está definida por unas relaciones unidireccionales sobre la base de la existencia de unos servicios en las universidades que pueden ser utilizados por las empresas como simples clientes. Una segunda etapa se define por una relación más estrecha de oferta/demanda, especificada como de vinculación empresa-universidad. La tercera etapa se caracteriza por una interacción basada en actividades conjuntas, en las que hay compromisos institucionales explícitos. Esta etapa se define como de cooperación empresa-universidad. Supone un grado mayor de interacción, especialmente por parte de las empresas, que no son solamente clientes de las universidades, sino socios de ellas en proyectos y actividades conjuntas a través de acuerdos y alianzas, así como de consorcios multiinstitucionales (Sebastián, J., 2000b).

La densidad de las redes de innovación señala también el grado de articulación de los sistemas nacionales de innovación. Estas redes, constituidas por actores heterogéneos, facilitan las interacciones entre los entornos científicos, tecnológicos, industriales, financieros y de mercado, mostrando su utilidad tanto en el ámbito de la innovación de productos, procesos y servicios, como en el de la difusión tecnológica en diferentes sectores productivos.

Manzini Bot Bot Eda Eda Manzini Eda Manzini Manzini Eda Manzini Bot Eda Bot Las políticas orientadas a la articulación de los sistemas nacionales de innovación requieren de instrumentos adecuados para el fomento de la cooperación entre los diferentes actores. Las redes de cooperación, en sus diversas tipologías, constituyen no solamente uno de estos instrumentos sino, especialmente, un modelo organizativo para el conjunto del sistema (Sebastián, J., 2000c). Las ventajas y oportunidades que ofrecen las redes se pueden aplicar al interior de los sistemas nacionales de innovación, tanto para organizar el entramado institucional como para la organización funcional de las actividades de I+D+I.

La organización en red contribuye a potenciar las infraestructuras y recursos humanos existentes, además de aliviar la asimétrica distribución de las capacidades para la I+D+I en la mayoría de los países, donde la geografía de la innovación muestra la existencia de unos pocos polos de desarrollo científico y tecnológico junto a extensas áreas de menor desarrollo. La organización en red facilita la interacción y la complementariedad, favoreciendo la cohesión territorial. Desde el punto de vista funcional, las redes de cooperación representan una modalidad muy adecuada para organizar las actividades de I+D, especialmente en países y en áreas científico técnicas donde existen masas críticas insuficientes y debilidades en los grupos de I+D. La organización funcional en redes de investigación permite aprovechar mejor los recursos existentes que la organización basada en microproyectos, con una participación muy reducida de recursos humanos, lo que conduce a una centrifugación y atomización de los esfuerzos y capacidades.

La asimilación de la cultura de la cooperación en los sistemas nacionales de innovación requiere, a su vez, cambios en algunos de los enfoques de las políticas, que serán comentados más adelante, y cambios culturales en las comunidades científicas, valorizando más las colaboraciones y la apropiación social del resultado del trabajo de investigación. Este planteamiento obliga a cambios en los criterios de evaluación y de reconocimiento a la labor de los miembros de las comunidades científicas, basados en la actualidad más en las aportaciones individuales que en las colectivas y en un relativo menor peso de la oportunidad y la pertinencia. La extensión de la cultura de la cooperación en los sistemas nacionales de innovación requiere reconsiderar los criterios de evaluación.

La dimensión internacional de la cultura de la cooperación en la I+D+I.

Eda Bot Bot Bot Manzini Eda Bot Eda Manzini Manzini Eda Manzini Eda Manzini El escenario del desarrollo científico, tecnológico y de la innovación se ha ampliado en los últimos treinta años hasta convertirse en un escenario único, el escenario mundial. La progresiva internacionalización de los procesos de la I+D+I, de las instituciones de I+D y de las empresas innovadoras ha ido acompañando, a veces, como impulsora y otras, como consecuencia, a los procesos de mundialización de la política, la economía y los hábitos sociales.

La dimensión local y la dimensión internacional forman parte de un binomio que incluye aspectos diferenciados con su propia especificidad, pero también espacios de interacción e influencia mutua. Las políticas científicas y tecnológicas deben considerar las dos dimensiones, así como sus interrelaciones. La construcción de un sistema nacional de innovación como un sistema abierto tiene necesariamente que articularse en el nivel regional y mundial.

Manzini Eda Manzini Bot Eda Bot Bot Manzini Eda Eda Manzini Manzini Eda Bot La cultura de la cooperación en la I+D+I integra la dimensión internacional y constituye, en la práctica, un motor para la internacionalización y una variable estratégica.

Las funciones y el papel de la cooperación internacional en la I+D+I son múltiples, pudiendo destacarse la creación de capacidades nacionales, la complementación de estas capacidades, el fortalecimiento institucional y empresarial, la ampliación de los recursos financieros, la internacionalización de la comunidad científica, la articulación internacional de los sistemas nacionales de innovación y la contribución a la cooperación para el desarrollo. Cada uno de estos papeles y funciones tendrá un peso diferente dependiendo del nivel de desarrollo científico y tecnológico de los países y de sus instituciones. Los énfasis serán mayores en la complementación de las capacidades en la cooperación entre países de mayor desarrollo y en la cooperación horizontal, mientras que en la cooperación entre los países más desarrollados con los de menor desarrollo, los énfasis serán mayores en la creación de capacidades y el fortalecimiento institucional en éstos últimos.

Detalles

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La cooperación internacional ha sido tradicionalmente, y es todavía, un importante instrumento para la creación y fortalecimiento de las capacidades nacionales a través del asesoramiento, formación e intercambio de experiencias en el ámbito de la organización y gestión de la I+D+I, la creación de infraestructuras físicas, la formación y especialización de recursos humanos para la I+D+I, la apertura de nuevas áreas de I+D, la mejora de la calidad en la investigación y la innovación, así como la adquisición de valores, conceptos y métodos de trabajo.

La complementación de las capacidades nacionales para la I+D+I constituye un objetivo y un resultado de la cooperación internacional. A ello contribuye la superación de la masa crítica en determinadas áreas, la movilidad e intercambio de científicos y tecnólogos, la creación y/o participación en infraestructuras científicas internacionales, el desarrollo conjunto de proyectos de investigación, desarrollo tecnológico e innovación, la contribución al avance de los conocimientos y tecnologías en la megaciencia, el abordaje de problemas científicos y tecnológicos que tienen una dimensión supranacional, la pertenencia a redes internacionales de cooperación y el mejor acceso a la tecnología, a través del codesarrollo, la difusión y transferencia.

La cooperación internacional ha sido percibida tradicionalmente, especialmente por los países de menor desarrollo, como una fuente de financiación. Sin embargo, actualmente, esta no es su principal función, no solamente porque los flujos financieros tradicionales son cada vez más escasos, sino porque todas las otras funciones de la cooperación internacional le ganan en importancia e impacto. En cualquier caso, la cooperación internacional permite sumar y movilizar esfuerzos financieros adicionales, especialmente a través de esquemas de cofinanciación, así como reducir costes y riesgos.

El fortalecimiento institucional, empresarial y del propio sistema nacional de innovación es un resultado tangible de una cooperación internacional planteada adecuadamente. De hecho, este debe ser el criterio para evaluar la eficacia de la cooperación. Las mejoras en las capacidades, calidad, competitividad, visibilidad y reconocimiento internacional deben ser los parámetros para llevar a cabo la evaluación.

Un aspecto específico de la cooperación internacional en la I+D+I es el de la cooperación para el desarrollo. Los objetivos y los correspondientes instrumentos corresponden a tres ámbitos: la creación de capacidades endógenas y autosostenibles, así como el fortalecimiento institucional de los países de menor desarrollo; la ejecución, preferentemente conjunta, de actividades de I+D+I en problemas o temas de interés para estos países y la transferencia de conocimientos y tecnologías para mejorar la capacidad productiva, la modernización tecnológica y el nivel de competitividad de las economías de los países de menos desarrollo. Estos objetivos son compatibles con muchos otros, en esquemas de cooperación integrados e híbridos, que incluyen la colaboración con todo tipo de países e instituciones.

La geoestrategia de la cooperación internacional es muy variada. En el ámbito de la I+D+I todos los países son participantes más o menos activos. Como se ha señalado anteriormente, hay diferencias entre los objetivos y modalidades, así como en las simetrías en la cooperación, los liderazgos, el nivel de los compromisos y la percepción del mutuo beneficio.

La mayor rentabilidad de la cooperación se consigue cuando se tienen objetivos precisos y estrategias adecuadas para ellos, comenzando por la selección de los socios y las modalidades, así como la negociación de las condicionalidades y la utilización de los resultados. Los modelos activos de cooperación frente a los pasivos son fundamentales para maximizar beneficios e impactos. Estos planteamientos están conduciendo a una mayor diversificación y a un mayor énfasis en la cooperación "a la carta", e incluso a la cooperación informal, poniendo en cuestión la cooperación tradicional basada en la participación en programas de oferta de organismos internacionales y países, que propician marcos para la cooperación homogéneos y poco flexibles.

En la medida en que los programas de cooperación de oferta se adecuan más a los objetivos de los actores, éstos tienen un mayor atractivo y utilidad, generando dinámicas de cooperación que trascienden a los propios límites de estos programas. Los programas Marco de I+D y EUREKA tienen un gran poder de movilización en el ámbito europeo, como ha sido también el caso del programa CYTED e IBEROEKA en el ámbito iberoamericano. El creciente papel activo de las instituciones, las empresas y la comunidad científica está contribuyendo al incremento de la cooperación internacional entre las universidades (Sebastián, J., 2000a), de la dimensión internacional de la cooperación empresa-universidad (Sebastián, J., 1999b) y entre las empresas (Niosi, J., 1999; Agüero, E., Suárez, F. y Sebastián, J., 1999), contribuyendo a la extensión de la cultura de la cooperación y a la internacionalización de los sistemas nacionales de innovación.

Las políticas para el fomento de la cultura de la cooperación en la I+D+I.

El fomento de la cultura de la cooperación requiere de políticas explícitas. La mayoría de las políticas científicas no han estado orientadas, en el pasado, a favorecer la cooperación, sino que se han dirigido más al fomento de la competitividad, tanto por influencia de un pensamiento y una cultura dominante en el ámbito de la economía, como para garantizar la calidad de las actividades científicas y tecnológicas. Las políticas ofertistas en ciencia y tecnología se han guiado a través de mecanismos de financiación competitivos, en los que los grupos de I+D y las instituciones compiten entre sí, sin valorar adecuadamente las ventajas de la cooperación y de las sinergias que ésta propicia.

Los países de mayor desarrollo científico y tecnológico han conjugado esquemas competitivos con programas integrados en áreas estratégicas, para los que se ha buscado la colaboración de instituciones y empresas. Sin embargo, la mayoría de los países de menor desarrollo científico han basado sus políticas de fomento, casi exclusivamente, en esquemas competitivos, a pesar de tener comunidades científicas, institucionales y empresariales débiles y escasamente consolidadas en el ámbito de la I+D+I. Este planteamiento ha minusvalorado las oportunidades de la complementación de los, a veces, muy escasos recursos humanos y de infraestructura, a la vez que ha contribuido a agrandar la brecha entre los grupos de I+D e instituciones más avanzados y el resto de las capacidades potenciales existentes en el país.

La asociación entre la calidad científica o tecnológica y los esquemas de financiación o de reconocimiento competitivos no es necesariamente excluyente de otras fórmulas, donde se garantiza la competencia y calidad de la I+D en esquemas cooperativos, a través de mecanismos adecuados de evaluación. Ser competentes no es sinónimo de competitividad, sino de poseer las capacidades, habilidades y recursos para cumplir unos objetivos. La evaluación de la calidad, oportunidad y pertinencia es también una regla en la cultura de la cooperación. Más aún, la cultura de la cooperación puede convertirse en una garantía de la eficacia y eficiencia de las actividades de I+D+I.

La evolución en el papel e impactos del desarrollo científico y tecnológico están acelerando los cambios en los paradigmas que han sustentado las políticas que han servido para su impulso. Conceptos como demanda, difusión y cooperación van a jugar un papel creciente en las políticas de fomento de la innovación (Sebastián, J., 1994), dando lugar a una nueva generación de políticas basadas en dos ejes, la articulación de sistemas nacionales de innovación que puedan expresar todas sus potencialidades, en términos de generación de conocimiento, tecnologías e innovaciones prioritarias para el país, y la internacionalización de estos sistemas.

La cultura de la cooperación es un elemento fundamental para desarrollar ambos ejes. La consideración de la cooperación como un elemento intrínseco de los sistemas nacionales de innovación y como un elemento estratégico para su internacionalización, revaloriza su función movilizadora, articuladora, instrumental y cultural.

En el nivel micro, el fomento de la cooperación requiere superar barreras que la obstaculizan y favorecer sus oportunidades, priorizando proyectos colaborativos, programas movilizadores, programas integrados, redes interinstitucionales, redes de investigación, asociaciones, alianzas y consorcios, entre una gran variedad de instrumentos e iniciativas, tanto en la dimensión nacional como internacional.

La internacionalización de los sistemas nacionales de innovación también requiere políticas para su fomento. La internacionalización es un proceso complejo que puede ser motivado y orientado a través del establecimiento de estrategias y prioridades, así como de la puesta en marcha de instrumentos específicos, entre los que la cooperación internacional juega un papel fundamental.

El creciente papel protagonista de las instituciones y de las empresas en la cooperación internacional aconseja que los organismos internacionales y los gobiernos elaboren políticas facilitadoras para la interacción entre los actores, compatibilizando sus diferentes lógicas y creando entornos favorables para la consecución de objetivos estratégicos en los que la dimensión internacional sea especialmente relevante. La naturaleza de los sistemas nacionales de innovación de los diferentes países delimita el carácter de estos objetivos.

La cultura de la cooperación en las políticas de fomento de la I+D+I será probablemente uno de los elementos dominantes en las próximas décadas, consolidando una tendencia que actualmente se hace visible especialmente a través de los modos de organización de los grupos y de las instituciones que desarrollan las actividades científicas y tecnológicas.

Los límites de la cultura de la cooperación en la I+D+I.

El grupo de Lisboa ha puesto de manifiesto en un sugerente trabajo cuáles son los límites de la competitividad (Petrella, R., 1996). Cabe en consecuencia preguntarse por los límites de la cooperación, así como si competitividad y cooperación son mutuamente excluyentes. Para ayudar a las correspondientes respuestas es posible construir una serie de escenarios evolutivos.

En la actualidad se está saliendo en la mayoría de los países desarrollados de un ciclo dominado por la competitividad como lógica del sistema social y económico, dando lugar a un segundo escenario caracterizado por cooperar para competir se está convirtiendo en la lógica que sustituye a la anterior, buscando fórmulas más sofisticadas y eficientes. Probablemente este sea el escenario dominante en los próximos años. La competición no será tanto entre entidades como entre redes y entre bloques, forzando a internalizar una cierta cultura de la cooperación y creando nuevas formas de organización que se imponen por su mayor eficacia y eficiencia, contribuyendo gradualmente a pasar a un tercer escenario caracterizado por competir por cooperar.

La cooperación se irá convirtiendo en una actividad necesaria, mostrando la debilidad de organizaciones y de soluciones que no estén apoyadas en la confianza, la colaboración y la asociación. La necesidad de encontrar soluciones a los principales problemas globales que ponen en peligro la viabilidad y seguridad del planeta pondrá de manifiesto la urgencia por entrar en un ciclo dominado por la cooperación, como única respuesta a la solución de estos problemas. Probablemente este cuarto escenario tardará en llegar, pero parece imprescindible para armonizar numerosas contradicciones y dar respuesta a algunos conflictos, como el planteado por el binomio globalización/dualidad.

En cada uno de estos escenarios, la I+D+I juega su papel y los planteamientos y objetivos de las correspondientes políticas científicas, tecnológicas y de fomento de la innovación tienen énfasis diferentes. En el escenario actual, en el que se mezclan numerosos componentes, pero que está dominado por el que se ha caracterizado como cooperar para competir, las políticas para la I+D+I contemplan como objetivos la generación de tecnologías para mejorar la competitividad entre empresas, países y bloques, pero también el desarrollo de tecnologías sociales asociadas a la calidad de vida (Caracostas, P. and Muldur, U., 1998). En el caso de los países latinoamericanos, estos objetivos se hacen especialmente críticos para atender, tanto a la necesaria modernización productiva, como para dar satisfacción a las crecientes y urgentes demandas sociales (Sebastián, J., 1997) así como a los retos de la gobernabilidad (Sebastián, J., 2000d).

Eda Eda Manzini Manzini Bot Eda Manzini Bot Bot Manzini Bot Eda Manzini Eda Conceptualmente no resulta fácil señalar los límites de la cooperación en la I+D+I, los cuales parecen estar más condicionados por otras concepciones, otros modelos y otros intereses que ocupan el escenario, que por características intrínsecas de la cooperación.

Los límites se hacen más evidentes cuando se desciende a la operacionalidad de la cooperación, que como proceso social está condicionada por motivaciones, aspiraciones, prejuicios y expectativas que plantean barreras y dificultades, así como por los costes adicionales que puede suponer y por las características de los propios instrumentos para la cooperación que no necesariamente y en todos los casos, son los más adecuados para los objetivos. (Katz, J.S. and Martin, B.R., 1997; Champalov, I. and Shrum, W., 1999).

Adicionalmente, se puede también contemplar los límites impuestos por el binomio cooperación local/cooperación global, no porque sean incompatibles, sino porque requieren estrategias diferenciadas. Probablemente este binomio debe bascular más hacia la cooperación global en los países más desarrollados o con sistemas nacionales de innovación más maduros. Inicialmente, en los países de menor desarrollo o con sistemas nacionales de innovación poco articulados, debe bascular hacia la cooperación local, con el objetivo de fortalecerse institucionalmente y estar en mejores condiciones de negociación y de contrapartidas, buscando una mayor simetría en la cooperación internacional.

La evolución en los escenarios descritos pone de manifiesto unas nuevas relaciones entre competición y cooperación. Relaciones que son más complejas que las de la simple dualidad competitividad/cooperación. Ambos ingredientes son inevitables y necesarios en las sociedades, aportan creatividad y valor añadido. La cuestión es cuál es la fuerza dominante, si desarrollarse sumando y compartiendo o crecer excluyendo. La cultura de la cooperación parece que garantiza mejor la equidad, cohesión e integración social.

Manzini Bot Eda Manzini Eda Bot Bot Manzini Manzini Eda Eda Bot Manzini Eda Referencias

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